Los boliches de Palermo no sólo se destacan por los altos precios o la presencia de famosos, sino que también se prestan para relacionarse de una forma particular, para un levante con estilo.
Extranjeros, porteños y provincianos, no importa de donde vengan, todos asisten a las pistas de baile de estos lugares a pasar una noche con un toque "vip". Ni hablar si se cruzan a Ricardo Fort entrando a la zona reservada de Esperanto.
Los boliches, siempre con una fachada impecable e iluminada, crean una ambiente de alto nivel, donde "levantar" es sinónimo de "demostrar". Sin embargo, el chamuyo no sólo se remite a un buen auto o un departamento por la cotizada zona, sino que se explota al máxima la seguridad de los hombres frente a mujeres que han estado horas y horas arreglándose, sin un pelo fuera de lugar.
No obstante, el sexo femenino está lejos de ser el más débil. Las chicas saben bien lo que quieren, y cuando algo les gusta, no tiene problema en ir, con trago en mano y cartera al hombro, a charlar con su elegido.
Kika, Liv, Crobar, Wana o Ink son los más elegidos de Palermo para pasar una noche elite y, después del baile, poder irse con alguien a terminar la salida, en un auto o taxi (jamás colectivo).
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