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Ni tan larga ni tan ancha

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Los porteños se han jactado por generaciones de tener la avenida más larga y también la más ancha. Sin embargo, el libro Guiness de los records dice otra cosa. ¿El mito se derrumba?

Presumir colectivamente de que una mera construcción tiene dimensiones exageradas puede interpretarse como la evidencia de motivos de orgullos más profundos e importantes. Sin embargo, los porteños han hecho de esto una suerte de tarjeta de presentación (u ostentación) al referir a la avenida Rivadavia como la más larga y a la 9 de julio como la más ancha.

Con un doble sentido picaresco, el comentario típicamente rioplatense de decir "En buenos Aires tenemos la más larga y la más ancha" constituía uno de los chistes preferidos de los ciudadanos de la Ciudad, en especial al hablar con un extranjero.

Pero un logro semejante no es difícil de superar  y es por eso que, para tristeza de muchos, es pertinente aclarar de una vez que no. Ni la Rivadavia es la más larga ni la 9 de Julio es la más ancha, tal como certifica el libro que se encarga de documentar este tipo de mesuras, el Guiness.

La avenida Rivadavia ostenta unos notables 35 kilómetros, que cruzan de este a oeste la Ciudad y buena parte del conurbano bonaerense. Comienza en Plaza de Mayo y termina pasado la numeración 26.000, cerca de la estación Paso del Rey del partido de Moreno.

No obstante, algunos objetan que no es una avenida continua y por eso no puede considerarse la más larga, ya que desaparece en Morón, reaparece en Ituzaingó, se vuelve a perder en San Antonio de Padua y luego resurge en Merlo.

Lo cierto es que su largo palidece ante la canadiense Yonge Street, que mide 1.896 kilómetros de largo. Nace en el Lago Ontario, en Toronto, y termina en el Lago Simcoe.

Al igual que ocurre con Rivadavia, en Yonge Street se ubican muchas de las atracciones de Toronto, incluyendo obras de teatro, el Centro Eaton, Yonge-Dundas Square, el Hockey Hall of Fame, las oficinas del periódico Toronto Star, etc. Otra coincidencia con la avenida local es que debajo de ella, funciona la primera línea de subte que existió en Canadá.

En cuanto a la 9 de Julio, el Guinness, que durante años convalidó el galardón para la avenida porteña, en 2006 decidió quitárselo y otorgarlo al Eje Monumental de Brasilia, que conecta la Plaza del Ayuntamiento y la Plaza de los Tres Poderes.

Los números parecen definitivos: el Eje Monumental de la capital brasileña tiene 250 metros de ancho, mientras que la 9 de Julio presenta "apenas" 140 metros.

Pero hay quienes objetan este título para la construcción carioca, ya que en realidad está compuesta por dos autopistas de seis carriles cada una (la N-1 y la S-1) divididas por un enorme parque central. Es decir que, a priori, no cumple con las condiciones para ser considerada una avenida, a diferencia de la 9 de Julio, que tiene 110 metros de ancho en su calzada central, divididos en 16 carriles. Si a eso se le suman las dos calles que en la práctica funcionan como "carriles extra" (Carlos Pellegrini y Cerrito), cuenta con un ancho de aproximadamente 140 metros y 22 carriles en total.

Claro que no hay dos sin tres, y existen refutadores que proclaman que, a base de ampliaciones y modificaciones diversas, la 9 de Julio ya no es más una avenida, sino una autopista. Según el director de Proyectos en América Latina del Instituto para la Ciudad en Movimiento, Andrés Borthagaray, "la diferencia entre una avenida y una autopista es que por la primera no sólo circulan los autos, sino también los peatones. Y en el entorno existen comercios, residencias y actividades urbanas diversas". Esto no se cumple en el Eje Monumental, aunque tampoco es del todo cierto en la 9 de Julio.

Los mitos están para derrumbarse tarde o temprano. Ahora, los porteños tendremos que buscar otros motivos, con suerte, más válidos e importantes, para sentirnos orgullosos de nuestra ciudad.

C1/CA