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Goles en el Salón Dorado (y azul)

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Martín Palermo marcó más de doscientos goles para el equipo xeneize. Secundado por "la Legislatura boquense" (Macri, Moscariello, Pagani), recibió una distinción como Figura Destaca del Deporte. Luces y sombras de una tarde en una tribuna de mármol y cristal.

La elegancia y belleza arquitectónica del Salón Dorado de la Legislatura sufría cierta contaminación visual con tantas cámaras, cables y pantallas. También era palpable el contraste que provocaba el look informal de muchos de los presentes, en ese escenario tradicionalmente solemne. Sin embargo, a juzgar por sus dimensiones, el salón Hipólito Yrigoyen sería ideal para jugar un picadito de Papi fútbol, sino fuera por el riesgo de dañar esas hermosas arañas doradas que datan de 1890.

Por aquí y allá, niños y adultos con la camiseta de Boca, sostenían posters en sus manos con la esperanza de lograr un autógrafo del responsable de tamaño despliegue: Martín Palermo, el máximo goleador de Boca Juniors, quien recibió una distinción como Figura destacada del Deporte.

En medio de un calor sofocante, los presentes hablaban excitados entre ellos y miraban sin mayor atención la pantalla gigante ubicada detrás del estrado principal, donde se reproducían goles y piruetas del homenajeado. Tenían las cámaras digitales y los celulares en alto, ansiosos por la llegada de su ídolo. La espera se alargó un primer tiempo más de lo pautado. Finalmente, por el costado del salón entró el astro futbolístico, secundado por el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, (quien no paró de repartir sonrisas), el Vicepresidente primero de la Legislatura, Oscar Moscariello y el diputado Enzo Pagani, autor de la iniciativa para darle este reconocimiento a Palermo.

En medio de atronadores aplausos se escuchó un canto que reclamaba la inclusión del goleador en la selección argentina, mientras los cuatro protagonistas ocupaban sus lugares. Sólo faltaban los papelitos y las cornetas para que cualquiera que cerrara los ojos se convenciera de estar en la Bombonera.

Como utilizar una bandera de Boca hubiese sido un atentado contra el protocolo, Moscariello lució una corbata azul y Pagani una amarilla, a modo de expresión sutil de sentimiento boquense.

A Palermo se lo veía relajado aunque algo incómodo dentro de su saco sport marrón y su camisa sin corbata. Desparramaba una sonrisa algo tímida y saludaba a los presentes, pero era evidente que estas ceremonias no son lo suyo.

Faltando diez minutos para las siete de la tarde, la locutora del evento narró una brevísima biografía del homenajeado. Nadie le prestó atención. Todas las miradas se dirigían a Martín, quien no podía hacer más que escuchar pacientemente como le contaban lo que él vivió. Sin embargo, las camisetas de Boca se agitaron en el aire cuando por los parlantes se escuchó decir que Palermo "no tiene miedo al ridículo, efectuando piruetas con tal de marcar goles". Cinco minutos duraron las palabras de la oradora, luego de las cuales las luces se apagaron, dando comienzo a un mini documental en el que familiares, amigos y colegas narraron la carrera del goleador, escrachándolo con algunas fotos en las que se lo veía luciendo una melena digna de un cantante de cumbia (¿cómo le quedará a Moscariello ese look?). Pasaron testimonios de su padre, su madre, su hermano, la Brujita Verón y hasta Diego Maradona, quien desde que está al frente de la selección nacional ha visto disminuida su popularidad. Eso se notó cuando ninguno de los presentes aplaudió su aparición en pantalla.

En el sector VIP, el video era seguido por atención por el legislador Cristian Ritondo (se dice que intentó convencer al futbolista de firmar para Nueva Chicago), el Ministro de Justicia y Seguridad Guillermo Montenegro (quien sigue siendo el que va al arco y debía tener pesadillas con tipos como Palermo), el presidente de Boca, Jorge Ameal y la familia del ídolo. Mención aparte merece la madre de Martín, quien no pudo contener sus lágrimas de emoción durante toda la ceremonia.   

Terminado el mini documental, llegó el momento de los discursos. Comenzó Moscariello, exaltando las cualidades personales antes que las deportivas ("un ser humano íntegro" fueron sus palabras), ya que el encargado de hablar sobre fútbol, como un hincha más, fue Enzo Pagani. Llegó un punto en el que parecía como si el diputado hubiera impulsado la distinción sólo para asegurarse que Palermo integrara la selección en el mundial de Sudáfrica.

Para terminar, el ex presidente de Boca y actual Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, relató las alegrías y sinsabores que le tocaron vivir junto al "optimista del gol" mediante diversas anécdotas, entre las cuales incluyó las gestiones que tuvo que realizar en 1997 para incorporar a Palermo al cuadro xeneize, su rotura de ligamentos o lo temprano que llegaba a los entrenamientos (aunque, por ahora, no superó el record del jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, quien a las seis de la mañana ya está arriba y trotando).

Finalmente, Martín Palermo pudo expresarse acerca de todo este ritual en el que recibió una catarata de elogios. ¿Y qué dijo? Lo esperable. Agradeció a su familia y amigos, a los hinchas de Boca y a los porteños en general. Se disculpó con sus padres por haberles dado tanto trabajo para terminar el colegio secundario y se dio el gusto de decirle "Te amo" públicamente a su pareja, Jessica Geneux.

Para cuando este ídolo de millones recibía su diploma y placa conmemorativa, la mayoría de los presentes estaban ya dirigiéndose a las puertas vidriadas del salón donde se encontraba el catering. Ni en un superclásico Boca-River, en el que estuviera en juego el descenso y el campeonato al mismo tiempo, se agolparían tantos boquenses desesperados por entrar.

Una tarde popular en la Legislatura porteña, donde, aunque sea por una hora, se vio al Salón Dorado con un vivo matiz de azul.