Ciudad1
A partir de 1830, el país cambiaría significativamente al subir al poder Juan Manuel de Rosas. Tirano para algunos, patriota para otros, el "Restaurador" gobernó durante 24 años de manera absoluta, desencadenando uno de los más sangrientos episodios de la Ciudad.
Corría noviembre de 1820 cuando se estableció la paz entre Buenos Aires y Santa Fe, la cual se basó en una donación de 25.000 cabezas de ganado que un hombre llamado Juan Manuel de Rosas aportó en el llamado Tratado de Benegas.
Acérrimo enemigo de Rivadavia, Rosas pasó a ser comandante de la milicia "Los Colorados del Monte". En 1828, cuando Lavalle, instigado por los unitarios, destituyó y fusiló a Dorrego, gobernador de Buenos Aires, Rosas dirigió sus hombres contra él, lo venció en Puente de Márquez el 26 de abril de 1829 y en junio acordó una tregua en Cañuelas con su vencido, en la que ambos rivales se comprometían a concurrir a las elecciones bonaerenses con una lista conjunta conciliadora.
Sin embargo, los unitarios rompieron el pacto, presentaron una lista propia y vencieron en unas elecciones violentas. Lavalle las anuló y pactó en Barracas la designación de Viamonte como gobernador provisorio. El 1 de diciembre de 1829 la Legislatura finalmente eligió gobernador a Juan Manuel de Rosas.
El primer gobierno de Rosas se caracterizó por el orden administrativo, la exaltación del partido federal porteño y la represión a los unitarios golpistas, con excepción de Lavalle. En líneas generales, respondió bien a los intereses de terratenientes y comerciantes bonaerenses, que integraron su gabinete. Por este desenvolvimiento se lo declaró el "Restaurador de las leyes" que habían sido quebradas por el golpe unitario.
En otro aspecto, el Gobierno bonaerense debió luchar contra el poder creciente que se había constituido en el interior al mando de José María Paz, quien regresó de la guerra contra el Imperio brasileño enarbolando las banderas del unitarismo. Tras numerosas batallas en las que resultó victorioso, el 5 de julio, Paz conforma la Liga del Interior y el 31 de agosto todas las provincias excepto las del Litoral le concedieron el Supremo Poder Militar, con plenas facultades para dirigir la guerra.
En respuesta a la amenaza del interior, Rosas negoció con las provincias litorales y finalmente acordó con Santa Fe y Entre Ríos un tratado ofensivo-defensivo el 4 de enero de 1831, el llamado Pacto Federal. Ese mismo año se reanudaron las hostilidades. Las victorias de los federales (apoyados por los gobernadores depuestos del Interior) complicaron a Paz, quien finalmente fue apresado. La Liga del Interior se disolvió y los caudillos triunfantes volvieron a tomar las riendas de las administraciones provinciales. López, Rosas y Quiroga quedarían como los tres más importantes señores del país.
En 1832, Rosas renunció al cargo de gobernador debido a que no se le renovarían las facultades extraordinarias que había disfrutado en sus tres años de Gobierno.
Balcarce ocupó su lugar. Inmediatamente, Rosas organizó una campaña contra los indios de la frontera sur, nombrando a Facundo Quiroga comandante supremo. Partieron tres columnas desde Cuyo, Córdoba y Buenos Aires, llegando esta última hasta el Río Negro, sometiendo a los indígenas y obteniendo tierras para los ganaderos bonaerenses.
Mientras tanto, en Buenos Aires estalló el conflicto entre los partidarios de Rosas o "Apostólicos" y los federales doctrinarios o "Cismáticos", acaudillados por Balcarce y Martínez. En 1833, instigada y preparada por la mujer de Rosas, Encarnación, se produce una sublevación de tono popular conocida como "Revolución de los Restauradores", después de la cual Viamonte, un moderado, es elegido gobernador. Aquí es donde surge el famosos brazo armado rosista, "La Mazorca".
Al estallar un conflicto que se había suscitado entre Salta y Tucumán, Rosas convenció a Maza de enviar como mediador al general Facundo Quiroga. En el trayecto fue emboscado y asesinado en Barranca Yaco, provincia de Córdoba.
Esta muerte provocó la renuncia de Maza y el clima de inestabilidad y violencia que se generó obligó a la legislatura a llamar de regreso al gobierno a Rosas, quien asumió el 13 de abril de 1835, obteniendo la condición que siempre exigió: la "suma del poder público", es decir, la representación y ejercicio de los tres poderes del Estado, sin necesidad de rendir cuentas por su accionar.
El 18 de diciembre de 1835, Rosas sancionó la Ley de Aduanas, la cual determinaba la prohibición de importar algunos productos y el establecimiento de aranceles para otros casos. En cambio, mantenía bajos los impuestos de importación a las máquinas y los minerales que no se producían en el país. Con esta medida buscaba ganarse la buena voluntad de las provincias, sin ceder lo esencial, que eran las entradas de la Aduana. Estas medidas impulsaron notablemente el mercado interno y la producción del interior del país. Sin embargo, Buenos Aires continuó siendo la principal ciudad.
El efecto que Rosas había anticipado fue la disminución de las importaciones, pero el crecimiento del mercado interno, compensó esa caída. De hecho, los impuestos por importación aumentaron significativamente. Más tarde, bajo el efecto de los bloqueos, se redujeron estas tasas de importación, pero nunca volvieron a ser tan bajas como en la época de Rivadavia, ni tanto como serían después de su caída.
Simultáneamente pretendió obligar a Paraguay a incorporarse a la Confederación Argentina ahogándola económicamente, para lo cual impuso una fuerte contribución al tabaco y los cigarros. Como temía que entraran de contrabando por Corrientes, esos impuestos alcanzaron también a los productos correntinos. La medida contra el Paraguay fracasó, pero tendría graves consecuencias respecto de Corrientes.
Su política económica fue decididamente conservadora: controló los gastos al máximo, y mantuvo un equilibrio fiscal precario sin emisiones de moneda ni endeudamiento. Tampoco pagó la deuda externa contraída en tiempos de Rivadavia, salvo en pequeñas sumas durante los pocos años en que el Río de la Plata no estuvo bloqueado. El papel moneda porteño mantuvo muy estable su valor y circuló por todo el país, reemplazando a la moneda metálica boliviana, con lo cual contribuyó a la unificación monetaria del país.
El Banco Nacional fundado por Rivadavia estaba controlado por comerciantes ingleses y había provocado una grave crisis monetaria con continuas emisiones de papel moneda, continuamente depreciado. En 1836, Rosas lo declaró desaparecido, y en su lugar fundó el Banco de la Provincia de Buenos Aires.
A principios de 1838, los franceses, comandados por el Almirante Le Blanc, establecen el bloqueo de Buenos Aires, que duraría casi tres años. López enviará a su ministro Cullen a interceder ante Rosas para acabar con el conflicto, mas al poco tiempo López falleció y Rosas destituyó a Cullen de su flamante puesto de gobernador (colocando en su lugar a un adicto, "Mascarilla" López) y lo fusiló en Buenos Aires.
En 1839 las posiciones de Rosas sufrieron una merma: en Salta, en donde Heredia fue asesinado; en Corrientes, donde el gobernador Berón de Astrada se sublevó; en la propia Buenos Aires, donde se urdió una conspiración en su contra y entre los hacendados del sur de la provincia. Esta gran "confabulación general" no estaba totalmente desconectada de la presencia francesa, cuyas ambiciones eran colonialistas.
La disidencia correntina fue aplastada en Pago Largo el 31 de marzo, la conspiración fue desbaratada con el fusilamiento de Ramón Maza y la rebelión del sur fue destruida en Chascomús el 7 de noviembre. Entretanto, Lavalle iniciaría una campaña apoyado por los franceses. Se dirigió a la Mesopotamia y fue derrotado por Echagüe en Sauce Grande, en 1840. Luego pasó a San Pedro y se disponía avanzar sobre Buenos Aires cuando los franceses pactaron con el gobierno de Rosas, dejándolo a la deriva. Rápidamente se reunió en Córdoba con Lamadrid.
Cuando se supo que Lavalle huía, estalló el terror general en la ciudad: decenas de personas fueron asesinadas, centenares de casas saqueadas y las calles quedaron vacías. Los antiguos partidarios de los unitarios fueron perseguidos, y también los que fueran sospechados de serlo, por cualquier razón. Los símbolos de los unitarios, y hasta los objetos de colores identificados con los unitarios - celeste y verde - fueron destruidos. Las casas, la ropa, los uniformes, todo lo que pudiera colorearse fue pintado de color rojo.
Rosas no hizo nada para detener la masacre. Sólo a fines de ese año, anunció que a cualquiera que se lo descubriera violando una casa, robando o asesinando sería pasado por las armas. La violencia se detuvo ese mismo día.
El terror del año 40 fue la culminación del uso político de la violencia por parte de Rosas y su partido.