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Cuando a Mardel no iba cualquiera

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La expansión del turismo en Argentina, tuvo su motor en los preparativos para la celebración  del Centenario de la Revolución de Mayo. Por aquella época, la gente  comenzaba a vacacionar en el sentido que lo entendemos hoy.

Varios fueron los ingredientes que dieron comienzo al fenómeno de vacacionar y a la idea de ocio. Dos años antes del cumpleaños numero cien de la patria, se terminó de construir el actual Teatro Colón de Buenos Aires, y en Alta Gracia (Córdoba), se inauguró uno de los primeros hoteles-casinos del país: el Sierras Hotel.

En 1909 se imprimió la primera guía turística de las Sierras de Córdoba, y el Ferrocarril Trasandino comenzó a unir las ciudades de Mendoza y Los Andes, en Chile y abrió sus puertas el emblemático Hotel Plaza en Buenos Aires.

Un año después, se inauguró  otro hotel clásico del centro porteño: el Hotel Chile. En tanto, en Mar del Plata se celebró la primera "Fiesta del Mar", organizada por la Sociedad Sportiva Argentina, con la elección de la reina y sus princesas, en el marco de la "Semana de Mar del Plata".

En tiempos anteriores, no existía el vocablo vacaciones. Sí había la costumbre, en altos funcionarios y familias de abolengo, de irse a sus quintas y casas de campo. Estas se ubicaban, en su mayoría,  en la costa del Río de la Plata. Esta práctica era la más parecida al ideal de vacaciones.  El veraneo no era aun un deseo.

Otros puntos que la elite porteña solía frecuentar en los tiempos de ocio eran  San Isidro, San Fernando y Tigre. Los menos prestigiosos eran San José de Flores, Quilmes, Belgrano y Adrogué.

El famoso balneario Bristol, ubicado en la Feliz originalmente  no era más que un saladero, junto con un pequeño puerto.

Con la llegada del tren en 1886, la misma comenzó a atraer a varias familias como centro turístico, para pasar el verano.

Recién en 1888, con la inauguración del Hotel Bristol, una ostentosa construcción de tres pisos en forma de E, la ciudad consiguió gran renombre y se convirtió en el sitio preferido de la burguesía y los porteños más ilustres.

Con este se abrieron también las primeras ramblas de madera. Rápidamente la "Playa Bristol" se convirtió en la atracción de las familias más adineradas.

A diferencia de lo que son las costas actuales, por aquel entonces quienes se paseaban por el balneario debían hacerlo con el cuerpo completamente cubierto y los varones, separados de las mujeres. Seguramente esta práctica se debió al fuerte pudor católico de la época.

Por la década de 1910, Argentina fue testigo de un fuerte crecimiento  económico, gracias al boom de las exportaciones agropecuarias. Las más beneficiadas por la prosperidad del país fueron las clases terratenientes.

En tanto la clase burguesa era receptora de nuevas fortunas fruto de las nuevas oportunidades  que la expansión del país abría.

El balneario fue escenario de las diferencias en las clases sociales. Para veranear había que ir a Mar del Plata, pero los miembros de la élite decidieron determinadamente diferenciarse y optaron cruzar el charco para vacacionar en Punta del Este.