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1890 – 1900

Un cambio Radical

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La última década del siglo XIX significó para la Argentina el nacimiento de uno de sus mayores partidos políticos: la Unión Cívica Radical.

Terminaba el siglo XIX y Argentina vivía una punzante crisis económica (un vicio que, lamentablemente,  perduraría). La presidencia del General Julio Argentino Roca, cuyo mandato terminó en 1886, había sido sucedida por la de su cuñado, Miguel Juárez Celman, haciendo de su gobierno una seguidilla de denuncias de corrupción y autoritarismo, dando luz al llamado "Unicato".

Un 20 de agosto de 1889, Francisco Barroetaveña, un jóven periodista del diario La Nación, tuerce el destino de la historia desde unas palabras publicadas bajo el título "¡Tu quoque juventud! En tropel al éxito".

Este artículo llevó a la formación de un grupo juvenil que tomó a Barroetaveña como su líder y convocó a un gran motín el 1 de septiembre de 1889 en el Jardín Florida de Buenos Aires. De esta manera nacía la Unión Cívica de la Juventud, con el fin de agrupar las distintas facciones opositoras al régimen de Miguel Juárez Celman, sostenido por el Partido Autonomista Nacional.

Claro que las cosas no serían fáciles para esta novel agrupación. El 15 de diciembre de 1889, la Unión Cívica de la Juventud inauguró un club cívico en la parroquia de San Juan Evangelista de la Ciudad de Buenos Aires. Al concluir el acto, un grupo parapolicial enviado por el Gobierno irrumpió en el lugar y atacó a los cívicos con armas de fuego. La policía, lejos de detener a los atacantes, reprimió violentamente a los asistentes al acto. Este hecho fue uno de los desencadenantes más contundentes de la futura revolución.

El 13 de abril de 1890 se realizó un enorme mitin para fundar la Unión Cívica. Allí se encontraban desde el ex presidente Bartolomé Mitre y sus seguidores, de tendencia conservadora oligárquica, hasta los líderes católicos José Manuel Estrada y Pedro Goyena, que se oponían al laicismo del Partido Autonomista Nacional. También participaron Juan B. Justo, que pocos años después fundaría el Partido Socialista de Argentina, y el abogado Francisco Barroetaveña que había movilizado a los jóvenes progresistas de clase media de Buenos Aires.

También estaba Bernardo de Irigoyen, que se había alejado del oficialismo, el historiador y ex rector de la Universidad de Buenos Aires Vicente Fidel López, el general Juan Andrés Gelly y Obes, el empresario Mariano Billinghurst, Leandro Alem (foto) y Aristóbulo del Valle. Alem fue elegido presidente de la recién fundada Unión Cívica, cuya creación finalizó con una enorme marcha hacia la Plaza de Mayo.

En la primera fila iban tomados del brazo Mitre, Alem, del Valle, Vicente López y Estrada. No pasó mucho tiempo para que millares de pobladores se sumaran a la manifestación. Al llenarse las calles del centro de la Ciudad, la convirtieron en el primer acto político de masas de la historia argentina contemporánea, produciendo una seria crisis política en el Gobierno y la renuncia inmediata de todo los ministros.

Por decisión de Aristóbulo del Valle, la junta de guerra revolucionaria designó como jefe de policía del gobierno a Hipólito Yrigoyen. De esta manera, se sumó al movimiento sedicioso de la Unión Cívica, que se proponía garantizar el libre sufragio y restaurar la moral administrativa, entre otras metas.

La revolución del Parque estalló finalmente el 26 de Julio de 1890, pero fracasó. No obstante, Juárez Celman renunció, y su vicepresidente, Carlos Pellegrini, asumió el mando y completó los dos años restantes de mandato entre 1890 1892.

Era noviembre de 1890 cuando se reunió la primera Convención de la Unión Cívica, el primer partido orgánico argentino. En enero de 1891, se definió la formula presidencial Bartolomé Mitre y Bernardo de Irigoyen. Mientras tanto, Hipólito Yrigoyen integraba la Junta ejecutiva y era vicepresidente del Comité del nuevo partido en la provincia de Buenos Aires.

Ese mismo año, cuando Mitre buscó un acuerdo con Roca, desplazando la candidatura de Bernardo de Yrigoyen, la Unión Cívica sufrió un cismo, dividiéndose en Unión Cívica Nacional (UCN), bajo la dirección de Mitre, y la Unión Cívica Radical (UCR) conducida por Alem. Fue en esta última facción donde Hipólito Yrigoyen consiguió el control de la provincia de Buenos Aires.

En 1892, Luis Sáenz Peña sucedió en el mando presidencial a Carlos Pellegrini. Luego de dos años de gobierno manchado por numerosas crisis y una acentuada inestabilidad política, renunció en 1895.

Tres años después de la fallida Revolución del Parque, Alem fue electo senador de la Nación por la Capital Federal, aunque su verdadero objetivo era derrocar al presidente Luis Saenz Peña mediante otro movimiento revolucionario. Hipólito Yrigoyen dirigió personalmente la iniciativa que, en Buenos Aires, triunfó en forma casi automática.

Desde 1895, tras la dimisión de Luis Saenz Peña, con el vicepresidente José Evaristo Uriburu en ejercicio del Poder Ejecutivo Nacional, la UCR parecía desmoronarse en un clima de inestabilidad política evidente. Agobiado por esas circunstancias, Alem, sintiéndose traicionado, se suicida en 1896.

A partir de allí, Yrigoyen desde la provincia de Buenos Aires enfrentó a Bernardo de Irigoyen, quien desde el Comité Nacional se disponía a negociar con el mitrismo, para hacer frente a la nueva candidatura presidencial del General Roca.

Hipólito Yrigoyen dio vía libre a la llamada "abstención larga". Después de la muerte de Alem, el partido se debatió hasta 1904 entre las tendencias abstencionista (intransigente) y concurrencista. En adelante, bajo la conducción de Hipólito Yrigoyen, se impuso la abstención revolucionaria.

Al llegar febrero de 1904, el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical publicó un manifiesto donde condenaba al régimen político vigente. En esta segunda presidencia del General Julio Argentino Roca, los vientos de una revolución comenzaban a soplar.