Ciudad1
El Mundial de Sudáfrica, que concluyó con la consagración de España, no será recordado solamente por las vuvuzelas, por el infalible pulpo Paul o por la endiablada pelota Jabulani sino que pasara al recuerdo por haber marcado el reencuentro con el fútbol ofensivo.
La contienda encumbró en los principales lugares de vanguardia a los mejores equipos, a los que más propusieron y a los que siempre jugaron tomando la iniciativa con determinación, sin especulaciones ni planteos mezquinos.
Hay un gran contraste entre la foto final de esta España gallarda campeona, con toda la pulcritud y la incansable laboriosidad de su juego, y la desteñida imagen de la Italia que se coronó hace cuatro años en Munich y de la que sólo persiste en la memoria el recuerdo del fatídico cabezazo de Zidane a Materazzi.
Esta vez, por suerte, ganaron los buenos, los mejores, y no los vivos que sacan ventaja de una provocación.
El triunfo de los españoles, adicionalmente, dispara una advertencia hacia nuestro frente interno, porque ahora van a aparecer unos cuantos nostálgicos del tiki tiki, la gambeta y el "respeto" a la pelota que intentarán subirse a esta vuelta olímpica con una reivindicación del fútbol lírico y poético que ellos siempre pregonan. Pero, ojo, España nada tiene que ver con la desgastada prédica de estos oportunistas criollos de verso frondoso y pergaminos vacíos de éxito. La consagración de este nuevo campeón del mundo es el premio a la perseverancia, al trabajo planificado y prolongado, a la continuidad de un equipo que en 2008 se quedó con la Eurocopa bajo la conducción de Luis Aragonés y que ahora llegó a la cima del mundo con Vicente Del Bosque como entrenador, siempre con la misma idea de juego, siempre apuntando a fortalecer un proceso, sin internismos, sin egoísmos y con una encomiable vocación de conjunto.
Es el triunfo de un fútbol que hace rato que brilla por su organización y por su poderío económico, pero que también supo hacer cantera y que se proyectó usando como base la estupenda escuela formadora del Barcelona, tal como hicieron los holandeses- sus rivales vencidos en esta final- allá por la década del '70, cuando trasladaron a su Selección las raíces que sembraron en su país recordados equipos de entonces, como el Ajax y el Fejenord..
Hay campeón, hay un nuevo espejo para mirarse y aprender, sobre todo a la luz de lo que ha sido la experiencia de la Argentina en este Mundial, un equipo que llegó a Africa aspirando a lo más alto, con un plantel estelar, pero con un Diego Maradona sin experiencia como técnico, que nunca logró edificar una formación con suficiente fortaleza y entidad competitiva. Argentina fue un manojo de improvisaciones que recorrió su camino sin mayores sobresaltos en la medida que fue topándose con rivales sin demasiada jerarquía, hasta que apareció la implacable Alemania y la echó del torneo sin contemplaciones.
Dejó mucha tela para cortar este Mundial. España y Holanda como protagonistas de una reñida y difícil final, bien ganada por el conjunto peninsular en ese electrizante suplementario con el inapelable latigazo de Iniesta. La vigencia de Alemania, la sorpresa que dio Uruguay, con un equipo cuyo PBI era muy inferior al de la Argentina, pero que tuvo convicción para jugar y conducción en Oscar Tabarez para organizarse bien y dar el máximo de su potencial. La frustración de un sólido Brasil que parecía invencible hasta que la compacta Holanda lo dio vuelta y lo dejó confundido y sin respuestas. Los sonoros fracasos de Francia, Italia e Inglaterra, la incapacidad de los equipos africanos para explotar y hacer valer su condición de locales, más un sinfín de anécdotas y vivencias como sucede cada cuatro años cada vez que el mundo se sacude con esta fiesta apasionante.
Adiós Sudáfrica! Y gracias por este nuevo campeón que le hace honor al buen fútbol!