Ciudad1
Una biografía. Muchos aplausos y poca capacidad para hablar en serio de quién era Jorge Guinzburg, aquel petiso de bigotes que alguna vez nos arrancó una sonrisa.... y que también hizo llorar a unos cuantos.
Es muy difícil hablar de los muertos en la Argentina. Mucho peor de aquellos que vivieron rodeados del éxito y el glamour que otorga la fama de ser conocido.
Es muy fácil llenar hojas y hojas de libros de ocasión donde lo único que se ve es la virtud. O lo que en realidad se quiere mostrar.
La simpatía suele ser una máscara que oculta personalidades controvertidas. Cuando las luces y las cámaras se apagan las sonrisas también.
Guinzburg, el personaje público, fue redactor publicitario. Ilustró con virtud la revista Satiricón, las viñetas de "Diógenes y el linyera" en la contratapa de Clarín e innumerables artículos del periodismo contestatario de los 70 y los 80.
Un artista irónico e ingenioso en la televisión del postproceso. Cuando todos los canales de televisión eran del estado integró "La noticia Rebelde", un programa de formato nuevo, transgresor, pero "políticamente correcto".
En los noventa, lanzado a capturar un estrellato sin medias tintas, brilló con "Peor es nada" junto al negro Horacio Fontova. Pero tampoco salía de los cánones aceptados.
Más tarde, Guinzburg repetía la configuración de muchos programas de la "dorada década menemista". La estructura de "La biblia y el calefón" se parecía mucho a otros programas. Desde el punto de vista del contenido, por cierto.
Los conductores de televisión, de un extremo al otro, entendían que había que empezar a descubrir algunas barreras. Y así comenzaron a explayarse sobre la parte supuestamente privada de cada invitado.
La regla era general. Mirtha preguntaba parecido a Marcelo. Mauro parecido a Chiche. Y Guinzburg le agregaba una obsesión cotidiana: querer conocer todo de sexo. De cuando había sido "la primera vez" y cómo había resultado la última.
Aquel muchacho que seducía con sus ocurrencias a sus compañeras de "Satiricón" ya se había transformado en otra cosa.
Una productora de radio cuenta una experiencia trascendente ocurrida en 1998.
"Le fui a pedir laburo. El (por Guinzburg) estaba buscando productores para volver a Canal 13. Me pidió el curriculum y se lo llevé y empezó a llamarme por teléfono para concertar una cita. Y una tarde tocó el timbre de mi casa en Palermo y sentado en el living me dijo que si quería laburo yo sabía lo que tenía que hacer. Le contesté que sólo quería trabajar y nunca más me llamó".
La televisión, a comienzos del 2000, comenzaba a hacer estragos en la cabeza de los productores y mucho más en la de quienes conducían programas. El rating se había convertido en el victimario de grandes figuras y para mantenerse todo era posible.
"Todos sabíamos que las nominaciones al Martín Fierro estaban arregladas", afirma uno de sus asistentes del programa "El ventilador", que Guinzburg conducía por Radio América junto al inolvidable Adolfo Castelo.
¿Arreglos de que tipo?. "Arreglos. Columnistas de espectáculos de APTRA que trabajaban con él, almuerzos, viajes y favores. Y además una exigencia por los resultados que cuando eran buenos eran sólo atribuibles a él". Una ley de quienes creen que la ética se construye sólo por lo que se ve. Perdón Andrea.
C1/ Eduardo Zanini